30 de noviembre de 2015

“Tosta Moclín”




Conozco mis limitaciones como escritora y por ello voy a ser muy breve en el porqué de esta tosta de hoy a la que he bautizado como “Tosta Moclín” ¿Por qué?  Porque esta vez sí, esta vez la batalla es nuestra.

El 17 de Noviembre, con una niebla y un frío importante, visité Pago de Valdecuevas, una finca situada en un páramo a 850 metros sobre el nivel del mar. Una visita guiada por las instalaciones de la almazara, la única almazara ubicada en la misma finca en toda la provincia de Valladolid.



Diré que el frío no impidió que disfrutáramos viendo esa especie de Mazinger enorme recolectando las aceitunas ¡Impresionante!



No faltó esa cata para descubrir los secretos de este fantástico Oro líquido vallisoletano.



Una curiosidad, el páramo donde se sitúa el olivar fue testigo de la batalla de Medina de Rioseco o Batalla de Moclín, el 14 de Julio de 1808, donde el General Joaquín Blake comandó las tropas españolas frente a las napoleónicas al inicio de la Guerra de Independencia, batalla que… por cierto… perdimos :(



Pues bien, en agradecimiento a lo bien que nos trataron, he preparado una tosta para disfrutar de ese maravilloso Aceite de Oliva Virgen Extra Pago de Valdecuevas, elaborado con aceitunas de  variedad arbequina, con gran intensidad aromática y una mezcla de hierba verde y almendra.

Ingredientes:
- Pan de hogaza
- 200g de tomate rosa
- 130ml de Aceite de Oliva Virgen Extra Pago de Valdecuevas
- Sal
- 1 diente de ajo
- Espárragos verdes
- 6 champiñones portobello
- Anchoas
- Jamón ibérico
Ingredientes sencillos, dificultad inexistente y homenaje total a tan adorado líquido.

Lo que realmente importa es la elaboración de la crema de tomate.

Pelo el tomate y le quito todas las pepitas. Troceo y pongo en un vaso batidor junto con el aceite y una pizca de sal. Coloco la batidora tocando el fondo del vaso, como si fuera a hacer una mayonesa, y empiezo a batir sin levantar el brazo hasta que la salsa empieza a ligar, que liga y de qué manera, crema pura. Reservo.

Mientras preparo los espárragos, bien cortados en juliana. Salteo con un poco del mismo aceite y un diente de ajo. Reservo.

Repito la misma operación con los champiñones, pero estos cortados en láminas. Reservo.

Tan solo falta tostar el pan a mi modo, bien pincelado con un poco más de aceite dejo que sobre la plancha tome un poco de color ayudándole con una espátula bien colocada sobre él y aplastando para que toda la superficie quede perfectamente tostada.



Solo falta el montaje. Cubro toda la superficie del pan con una capa de mi crema-emulsión de tomate, encima unos espárragos, coronando estos unas anchoas pa’ morirse y una yema de huevo frita.

En la otra, prácticamente igual, los champiñones serán los dueños de esa cremosa superficie y sobre ellos unas lascas de un delicioso jamón ibérico.


Tan solo queda rociar la superficie con un hilillo de Aceite de Oliva Virgen Extra Pago de Valdecuevas ¿Hace falta más?

El Aceite de Oliva Virgen Extra Pago de Valdecuevas, ha sido reconocido por la guía Flos Olei como uno de los mejores aceites del mercado. También se ha alzado, entre otros, con la Medalla de Bronce en los Premios Mario Solinas, la Medalla de Oro en los Premios CINVE 2015 y la Medalla de Oro en el “New York International Olive Oil Competition”.

23 de noviembre de 2015

Una crema de verduras con caldo de paella




Es la primera vez que utilizo un caldo de Aneto para una crema  y os aseguro que el resultado ha sido francamente espectacular.  

También era la primera vez que tenía en mi cocina un colinabo, y como no sabía qué hacer con él  pensé que una crema sería un buen final para esta planta hortícola y forrajera de la familia de las crucíferas, esto lo he leído, mis conocimientos hortícolas, por desgracia, no alcanzan a tanto.

Vaya, que no me voy a enrollar más, tan solo diré que es una crema suave, potente y delicada a la vez, pero con un toque final lleno de sabores.

Ingredientes:

- 1 colinabo
- 2 chirivías
- 1 puerro
- 1 patata
- Sal y pimienta
- 100ml de nata líquida

Poca complicación para elaborarla.



Aceite de oliva virgen extra en el fondo, este de empeltre cortesía de mi amiga Paula, añado las verduras y salteo unos minutos. Cubro con el caldo para paellas, tapo y dejo cocer.



Antes de finalizar la cocción compruebo el punto de sal, el caldo traía pero para mi gusto faltaba aún una pizca, la pongo a la vez que un toque de pimienta negra recién molida.

Trituro y paso por un colador fino y otra vez al fuego. Añado la nata líquida y en cuanto empieza a hervir retiro. Y ya está, lista para servir.


A la hora de servirla, y justo cuando la llevo a la mesa, pongo encima una rebanada de pan frito muy fina. Encima una bolita de Torta de Casar pura y dura que me traje de Cáceres, maravillosa, faltaría más. Encima unos cubitos de longaniza de Graus. Y por último un hilillo de maravilloso aceite.

Una crema que, no por fácil, deja de sorprender por su agradable sabor. 

18 de noviembre de 2015

Conejo “de bosque” en escabeche - Reto Roca



Cuando Sofía nos dijo la receta que había elegido confieso que me encantó. Sé que hay muchas personas a las que no les gusta esta carne, a mí, por suerte, me encanta, además soy una enamorada de los escabeches en general. Todo lo que lleve vinagre se lleva bien conmigo.

Este pequeño libro “Las mejores recetas de mi madre tiene más de una joya culinaria, también es cierto que hay alguna que otra elaboración que rezo para que no la elijan nunca… “nadie es perfecto”  ;)

Es una elaboración sencilla y el resultado espléndido, supongo que con conejo de monte el sabor será algo diferente, y más de uno preferirá esa carne, pero ni tenía una pieza de esas características ni me he molestado en buscarla.

Ingredientes:

1 conejo
1 cebolla
1 zanahoria
11/2 cabeza de ajos
1 rama de tomilla
1 hoja de laurel
1 rama de mejorana
Vinagre de vino tinto
Agua
Aceite de oliva
2 clavos
Pimienta negra en grano
Sal

Como el conejo era de “mercado” no necesitó ninguna limpieza especial, la justa y necesaria.

En una cazuela, o sartén de hierro, con un buen chorro de aceite doro los trozos de carne, que una vez están bien tostados reservo.

En la misma sartén sofrío la cebolla y la zanahoria junto con los dientes de ajo y un poco de sal. Me permití añadir un puerro a este sofrito, me encanta el sabor que aporta a los escabeches.

A medio pochar incorporo los trozos de carne, las hierbas aromáticas, los granos de pimienta, el clavo, el vinagre, el agua y otra licencia, un vaso de vino blanco. Este último ingrediente no faltaba en los escabeches de Mami y que queréis que os diga…



Tan solo falta dejar cocer hasta que la carne esté tierna. Es el momento de comprobar el punto de sal.

Como bien dice J.R., en la antigüedad los escabeches eran una forma de conservar los alimentos, pero hoy en día tan solo es una forma deliciosa de cocinar algunos alimentos. Por lo general los escabeches se pueden tomar tanto calientes como tibios o fríos. Este se ha comido tibio y estaba delicioso.

Si tenemos en cuenta que adoro los escabeches igual mi opinión no es muy válida, por lo que os invito a probar y comprobar que no exagero nada.

15 de noviembre de 2015

Spätzle "Österreich (Austria) - Cocinas del mundo"






Va a ser muy difícil superar la Ñ, y por supuesto el país, está claro que Mar ha dejado el pabellón muy alto con su elección. A mí al principio me hizo polvo porque ya tenía decidida mi P, pero al minuto ya estaba encantada con nuestra Ñ. Claro que  cuando me di cuenta que la siguiente letra era la O me quedé algo descolocada… ¡Dios! Uno, solo había uno, y lo que encontré como que no me apetecía nada de nada, bueno, más bien es que no encontraba nada :(

Había que buscar una solución y la encontré, otra bendita licencia me llevó a Österreich, Austria,  un país situado en el corazón de Europa con sus Alpes Orientales, el Danubio, Viena, El Tirol, Salzburgo y su Mozart, y como olvidar a esa familia Trapp con sus sonrisas y lágrimas, por cierto, basada en una historia real. En fin, Austria es mucho más que estos cuatro apuntes, sin duda, pero esto va de cocina y hay que empezar el plato. 

No me costó decidir que plato haría,  porque estos spätzle (en el dialecto de Suabia es un diminutivo de gorrioncitos) me enamoraron a primera vista, es más, los hice nada más decidir que Austria era mi elección, y nos gustaron tanto que aquí están, pero antes os contaré que es posible hacerlos de diferentes formas, normalmente alargados o redondeados, ya que la masa es bastante blanda, tanto que no se puede cortar ni darle forma con las manos, claro que esto también me pareció divertido… al principio.

La forma más sencilla, sin tener un utensilio específico, es poner la masa sobre una tabla y con un cuchillo ir cortando tiras finas que se van dejando caer sobre el agua salada e hirviendo en una cacerola. En cuanto suben a la superficie ya están cocidos.

Existen prensas especiales para que esta tarea resulte sencilla y sin complicaciones, una especie de coladores con agujeros generosos por dónde la masa cuele y caiga sobre el agua hirviendo.  Claro que, al no tener este utensilio, y teniendo en cuenta que a mí los que me gustaban eran los redonditos, tuve que pensar cómo podía sustituir ese colador especial y me puse a buscar, y ya se sabe, quien busca encuentra.

Ingredientes:

- 500g de harina
- 3 huevos
- 1/2l de leche
- Nuez moscada
- Sal
- Pimienta
- 120g de queso grouyere
- 100g de mantequilla clarificada
- 100g de cebolla

Lo primero es mezclar, removiendo, la harina con la leche hasta que no quede ni un grumo. Ahora la sal, la pimienta, la nuez moscada y los huevos, removiendo con alegría hasta que todos estén perfectamente amalgamados.



Sobre el fuego ya tengo una olla con agua hirviendo con una pizca de sal correspondiente.

Ahora lo más divertido.

Con un cacillo sopero voy echando la masa dentro de un “colador*” a la que ayudo a caer con una espátula directamente sobre el agua hirviendo y espero a que rompa a hervir de nuevo. Cuando suben a la superficie la voy retirando y dejando que escurra sobre un colador amplio.

*He utilizado la parte donde se colocan los alimentos de una olla de cocción al vapor que tiene hermosos agujeros y me ha venido genial.

Rallo el queso.

En un recipiente refractario  voy poniendo una capa de las “bolitas” y otra de queso rallado, otra de pasta y otra de queso, otra de pasta y otra de queso, para terminar con una   de pasta y listo para el horno que estaba a 180º. El tiempo, como siempre, dependerá de cada horno, pero tienen que estar bien calientes y el queso bien fundido.



Mientras fui preparando la cebolla, que cortada en finas rodas la puse con la mantequilla al fuego hasta que estuvo bien doradita.

Tan solo falta servir esta delicia con la cebolla por encima.



Puede que a simple vista parezca complicado, pero nada más lejos de la realidad, es sencillo, rico y merece la pena hacer por lo menos una prueba. Además, es un acompañamiento perfecto para un plato de carne.
Gracias a todos por vuestra participación, ahora me voy de “visitas” pero antes acordaros que el próximo mes visitamos a Teresa y ella nos dirá que metemos en la maleta viajera.  




11 de noviembre de 2015

Manita de cerdo crujiente



Manitas de cerdo crujientes que enamoran


Manita de cerdo crujiente

Un mini paquete perdido en uno de los cajones del congelador y una etiqueta que dice, manita de cerdo cocida y deshuesada. Está claro, uno de esos días que a mis caldos añadí una manita para cocer y que luego me dio pena tirar, porque en casa sólo me gustan a mí. Debí pensar que algo haría con ella y así ha sido.

La había enrollado en film a modo chorizo y así estaba ella tan redondita, o mejor dicho, tan cilíndrica. La corté en rodajas  a ver si la aprovechaba o terminaba archivada en la c de cubo de b…

Y así surgió este pequeño y delicioso bocado que nos comimos tan ricamente. Por supuesto ni fotos ni na de na, salvo esta por si acaso ;)


Manitas de cerdo crujientes que enamoran

Paso 1.

Las rodajas de manita las puse en una sartén con una gotas de aceite, y digo gotas porque eso eran exactamente, lo justo para que no se pegaran  en el fondo. Allí deje las rodajas hasta que estuvieron crujientes por los dos lados.


Paso 2.

Me agencié como soporte una galleta Rizt, encima un poquito de una fritada con cebolla, puerro, pimiento verde y pimiento rojo, encima la manita bien tostada y en lo alto una laminilla de boletus salteado.

Y ya está. Nada más ni nada menos, un bocado para repetir.

Manita de cerdo crujiente

3 de noviembre de 2015

“Receta para niños con kiwis Zespri” ¡Empanaditas!



Recuerdo perfectamente la primera vez que comí un kiwi, era Navidad, entonces fue un bocado de fiesta. Quise, en aquel momento, comparar su sabor con otra fruta, imposible, era kiwi y punto.

Muchos Zespri Green han pasado por mi frutero desde entonces, casi siempre en el desayuno, mi tránsito intestinal le está súper agradecido. Es perfecto para ayudar a mantener la línea, tan solo  57 kcal por cada 100g, claro que lo que  estropea la mía es… mejor dejemos este tema…


Su alto contenido en vitamina C con propiedades antioxidantes es perfecto para una alimentación sana, especialmente para los niños, y para ellos es hoy esta receta.

Tenía claro que quería hacer algo salado, era casi un reto, nunca había incorporado un kiwi en un plato salado. Me costaba decidir, una salsa, un chutney,  ¿qué podía hacer?  hasta que he pensado, ¡empanada! Con lo que me gustan las masas, lo sé, me tira la tierra, y anda que me importa.

He pensado un relleno suave, donde ninguno de los sabores sobresaliera sobre los demás, que quedara ligero, y creo que lo he conseguido.

Ingredientes para el relleno:

- 25g de chalota
- 35g de puerro
- 50g de zanahoria
- 50g de pimiento morrón
- Aceite de oliva virgen extra
- sal
- 80ml de caldo
- 100g de atún en aceite de oliva virgen extra (bien escurrido)
- 2 kiwis Zespri Green
- 20g de pasas
- 15g de harina
- 50ml de leche
- 1 huevo

Lo primero picar la chalota, el puerro, la zanahoria y el pimiento morrón que pongo en una sartén con el aceite y dejo que se haga a fuego medio. Sazono. Cuando las verduras van perdiendo sus líquidos añado la mitad del caldo, dejo que se sigan cocinando y cuando vuelve a ser necesario repito la operación, es decir, añado el caldo restante. Cuando lo que queda es tan solo aceite retiro del fuego y pongo el sofrito en un colador para que escurra, pero eso sí, recupero todo el aceite sobrante.


Bien escurrido lo pongo otra vez en la sartén y añado la harina que mezclo bien para que se fría y pierda el sabor a crudo.

Incorporo las pasas, la leche y remuevo, dejo cocer un par de minutos y retiro del fuego.


Es el momento de incorporar el atún y el Zespri Green bien picado, tan solo mezclo y reservo.

Ingredientes para la masa

- 75ml de aceite (el aceite del sofrito)
- 75ml de agua
- Sal
- Y harina la que admita, aproximadamente unos 300g

Si del sofrito no ha sobrado aceite suficiente se añade aceite limpio hasta completar la cantidad necesaria.

Ahora en un bol pongo el aceite, el agua, la sal y la harina, y digo la que admita porque así suele ser, la que la masa necesite dependiendo del tipo de harina, en este caso de trigo, pero está claro que no todas las harinas actúan de igual forma, eso sí, no toda de golpe, es más fácil añadir harina si hace falta que tener que añadir líquidos.

Hay que amasarla bien, tiene que quedar una masa suave, manejable, que no se pegue a las manos y “que no pierda aceite” en el reposo, porque, aunque no lleva levadura y no tiene que levar, es conveniente que repose para que se asienten bien los ingredientes.

Y ahora lo más divertido, el montaje. Yo he preparado 4 empanaditas individuales, pero se puede hacer tan solo una y trocear las porciones, pero a los niños les gusta más tener su propia “empanada” en el plato.

Corto la masa en 8 partes más o menos iguales, estiro la primera y con ella cubro el fondo del molde que antes he untado con un poco de aceite, y con cuidado adapto la masa a las paredes del molde que como, en este caso, es liso y poco profundo no implica ninguna dificultad. Pongo el relleno dentro. 


Estiro otra bola de masa y cubro el relleno, no sin antes haber pintado los bordes de la masa de base con huevo batido. Con cuidado pego bien los bordes, recorto la masa sobrante y hago un plegado a modo “currusco” como dicen en mi tierra. Repito lo mismo con las restantes.

Pinto toda la superficie con huevo batido y con los recortes de masa hago unas hojas para adornar la superficie. También las pinto con huevo.


Las cuezo en el horno a 180º hasta que estén bien cocidas  y doraditas por encima ¿Cuánto tiempo? Cada uno conoce su horno.

Sinceramente, no las tenía todas conmigo, pero han resultado deliciosas, un relleno cremoso y delicado que le ha aportado el Zespri Green, a la vez ha dejado en la masa un punto caramelizado delicioso.


Ha sido la primera vez que he cocinado con Zespri Green, estoy segura que no será la última.

Espero que os guste y que os animéis a utilizar esta fruta en platos salados, realmente sorprende.